Abrió los ojos de golpe, por más que quería las sirenas de los policías le impedían pensar con calma. Las sirenas, ojalá ese fuera su único problema.
Un hombre alto yacía enfrente de ella, su expresión era dura, seria pero precavida, parecía estar siendo más paciente de lo que hubiera sido en otras ocasiones, pero eso no quitaba la presión de su pecho. Se quedó mirándolo e intentó, torpemente, secar una lágrima que resbalaba por su mejilla. No era la primera y no iba a ser la última.
-Ya le dije todo lo que sé.- Un sollozo terminó la frase mientras el hombre erguido frente a ella se metía la libreta al bolsillo y con una mano se arreglaba el bigote. Parecía no tener la más mínima intención de marcharse, pero aún le quedaban unos cuantos vecinos por interrogar y no perdería el tiempo. Quizás más tarde regresaría.
-Está bien, pero necesito volver en algún momento, por favor no se vaya de la zona delimitada con la cinta.
Sofía estaba helada, su cerebro no era capaz de procesar tantas cosas, claramente no estaba en condiciones de alejarse del edificio. Giró su cabeza y posó su vista en el gran bulto cubierto por una sábana negra, aún no daban la orden de mover el cuerpo y no dejaban que nadie se acercara. No podía asimilar que no vería a Dante, nunca más.
Dante… ¿Cómo olvidarte? Siempre fuiste el más dulce, él único que estuvo conmigo en las buenas y en las malas. Recuerdo tus abrazos como si ahora mismo estuvieras aquí haciendo desaparecer todas mis preocupaciones. Pero ¿Qué puedes hacer si me preocupación es tu ausencia?
Nunca pensé que este momento llegaría tan rápido, siempre creí que sería ella la que te alejaría de mí y con eso no me refiero a la dama elegante que se pasea de negro a tu alrededor en este momento. No puedo creer que te hayas ido sin siquiera decir adiós, que te hayas ido sin escuchar todo lo que tenía que decirte. Si hubieses sabido que mi corazón sigue su ritmo gracias a ti quizás el tuyo nunca se hubiera detenido, pero no hice nada, fui una cobarde como lo he sido toda mi vida. Sabía que llorabas por ella, sabía que llevabas noches sin dormir y que las pesadillas no te dejaban tranquilo, te vi con la mirada perdida, tirado en el suelo y sin ganas de levantarte. Y ¿Qué hice yo para ayudarte? Abrazarte…rodearte con mis débiles brazos ¡¿Tiene algo de sentido!? ¡¿A quién le sirve eso cuando ya no tiene razones para vivir?!
¿Sería suficiente para que te quedaras decirte que ya no estoy respirando? ¡Quédate! ¡Por favor, no me dejes! Lo oculté, lo oculté por temor pero ¿Cómo no ibas a verlo? Me quedaba horas interminables intentando consolarte, diciéndote que de seguro ella no valía la pena, que deberías estar con alguien que te valorara. Eres…Fuiste una maravillosa persona, siempre dispuesto a hacerme reír o a compartir tus lágrimas conmigo.
Te amo, siempre te he amado. No sé si valga de algo decirlo ahora o pensarlo, pero si estás donde yo creo, entonces podrás saberlo sin que pronuncie las palabras. Ya lo sabes ¿Puedes volver ahora? Ven, despiértame de este sueño, dime que no es verdad, que estás acostado en la pieza de al lado, que me trajiste a mi casa porque ayer volvimos muy tarde. Dime que aún puedo sentir el calor de tus besos en mi mejilla, tus manos erizando los vellos de mis brazos y tu risa manipulando las expresiones de mi cara.
¡Eres un maldito egoísta! ¡¿Por qué no vuelves?! ¿No me oyes? ¿Nunca se te ocurrió pensar cómo me sentiría sin ti? Intenta encontrar mi corazón…de seguro se tiró contigo de esa ventana. De seguro lo enterrarán contigo mañana o pasado. Solo me queda un hoyo negro donde se supone que estuvo alguna vez. De pronto duele de una manera insoportable, me duele el cuerpo como si hubiese levantado tres veces mi peso y mis ojos, mis ojos no se pueden ni abrir de tanto llorar; y de pronto soy incapaz de sentir algo, como si nada fuera real, aunque tan solo llevo unas horas intentando lidiar con la noticia sé que mañana ya no quedará nada de mí.
Daría todo lo que tengo por verte sonreír una vez más, por sentir tu aroma acercarse y correr a abrazarte como lo hacía cada vez que nos encontrábamos. ¿Nunca notaste que siempre llevaba una foto tuya? Todas las noches le deseaba dulces sueños y la dejaba bajo la almohada ¿Nunca sentiste los besos que te di mientras dormías las veces que nos quedábamos en la misma habitación?...A quién quiero engañar, yo soy la idiota que no te lo dijo y he dejado que mi corazón pague las consecuencias. Ahora es demasiado tarde, deberé cargar con la inexistencia de un nosotros para siempre.
Cerró los ojos nuevamente y miró hacia otro lugar. No quería mirar aquello en el suelo, ese no era su amigo, ni se asemejaba a él. No quería pensar que aquellos millones de huesos rotos se trataban del hombre que había estado soñando con besar por meses. No, no iba a admitir que había perdido todas sus oportunidades de reconfortarlo y secar sus lágrimas una vez más. Corrió desesperadamente a abrazar lo quedaba de él. Necesitaba al menos despedirse. Saltó la segunda cinta de protección llegando al lado del bulto y abalanzándose sobre aquella manta negra. El llanto volvió como si jamás la hubiera dejado sola y mientras se aferraba a ese montículo el viento comenzó a soplar. La noche se nubló, la luz de la luna había desaparecido completamente, ninguna estrella estaba allí para iluminar el camino de aquella alma perdida.
-Por favor…No te vayas. ¡Sabes que nunca te he pedido nada! ¡Quédate!- Algunas gotas cayeron a su alrededor sin tocarla, parecía que no solo ella lloraría aquella pérdida.- ¡Vamos! ¡Abre los ojos!...Sabes que te amo…-Hundió su cara en donde debería estar el cuello del chico y sus sollozos fueron ahogados por el sonido de un relámpago en el cielo.
- ¡Señorita! Aléjese del cuerpo… ¡Qué alguien la detenga! ¡Rápido! – La policía intentó sacarla, razonando, a la fuerza, pero nada funcionó. Seguiría ahí llorando su partida, abrazando por última vez su frío cuerpo, esperando que la lluvia disminuyera un poco su dolor. Deseando dormir para siempre a su lado.
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