jueves, 17 de noviembre de 2011

Desvaneciéndose lentamente




Sí, por fin estaba entre mis brazos una vez más y podía sentir que era real. Lo sentía en su silencio, lo sentía en el color de su aroma, en la calidez de su aliento, en el sabor de su piel. No pude evitar acercar mis labios a su blanquecino cuello, no pude evitar rozar sus lunares con mis dedos. Entonces su cabello limitó mi camino, suavemente lo retiré para poder tener un mejor alcance de mi objetivo y mi lengua decidió trazar un húmedo camino por aquella suave superficie. Su sabor descontroló mis sentidos, miles de colores olí, miles de sabores pude distinguir, mis manos apretaron su cintura con firmeza reclamándola para mí como años atrás, y entonces, pude sentir aquella sutil risa de complicidad salir por su boca. En aquel momento supe que no se negaría, que quería estar conmigo tanto como yo añoraba volver a estar con ella, que podría estar consciente de cómo había recordado cada noche el sabor de sus besos fugitivos, la textura de sus lascivas caricias en mi pecho. 



Acaricié su abdomen por sobre la ropa, había disturbio en el ambiente pero no me importaba ¡Como si el canto de los pájaros por la mañana te impidiera contemplar la aurora! Solo existíamos ella y yo, aunque en mi mente solo era ella, pues no podía argumentar a favor de mi burda existencia cuando la perfección de sus caderas era alcanzada por mis manos, cuando no podía confiar en mis más intrínsecos instintos. Yo no existía, no existía más allá del deseo, o quizás solo era una mera consecuencia de su presencia y separarnos sería como querer que existiera el agua sin ser molécula.

Estaba loco, loco por ella, loco de deseo, loco de pasión. Mi mente estaba nublada y ya ni el pasado ni el futuro tenían cabida en ella. Quería y necesitaba con desesperación desvanecerme en su esencia, quedarme ciego contemplando el brillo de sus ojos, pero por más que la acariciara o la recorriera con mi piel, no lograba que su rostro se volteara a verme. Su risa ya no parecía más un irresistible coqueteo, se había vuelto una burla ante mi persistente demanda de afecto.

-¡¿Qué demonios…?! ¡Lilly!

Escuché una voz lejana que ignoré, mi desconsuelo no permitía prestarle atención a algo que no fuese el por qué de aquella reacción fría. Pero no pude ignorarla demasiado, dos brazos robustos me agarraron del cuello y me obligaron a soltar su cintura. Me estrellé contra el suelo y mi cabeza rebotó sacudiendo mis sesos con fuerza, apenas pude abrir los ojos para comprender quién se encontraba junto a ella en esos momentos.

-¿¡Qué le has hecho!?

Una patada en las costillas me quitó el aliento, pero con el último poco de fuerzas que me quedaba susurré su nombre ¿Por qué ella no me ayudaba? ¿Por qué era yo merecedor de tan injusta paliza? El llanto del sujeto me desconcertó, estaba llorando y gritando a la vez que me golpeaba, y cada cierto tiempo giraba la cabeza para verla haciendo que sus gritos se descontrolaran cada vez más.

- ¡La mataste maldito bastardo! ¡¿Querías que nadie más que tú la tuviera!? ¡Eres un maldito enfermo!

Muerta…¿acaso ella estaba…? Me levanté confundido y ensangrentado, él estaba tomando su mano y pude distinguir claramente los jadeos de falta de aire por el llanto. Miré los labios de la que alguna vez fue mi chica y lo comprendí, temblando observé el frasco de píldoras que había en el suelo y caí sentado al lado del sujeto que acaba de entrar, uniéndome a sus lamentos. Ya no estaba seguro si su risa había sido producto de la traición de mi memoria o había sido su último regalo para mí. No terminaré de preguntarme si alcanzó a disfrutar mis caricias antes de su partida, si se sintió amada en aquel último momento, menos aún si pude implantar en su mente el arrepentimiento. Jamás la hubiese matado… jamás hubiese sido capaz de trazar el final de una hermosa historia y mucho menos de terminar una vida. Esa era una decisión que le había correspondido a ella ¿Las razones? Lilly se las llevó a su tumba.

1 comentario:

  1. Debería estar la opción "impactante". Simplemente no me imaginé que sucedería eso... I love it! Es tan jodidamente triste, que me alegra. Tú sabes a qué me refiero xD

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