Otra vez no podía dormir. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas mientras sus oídos eran bombardeados por la música más deprimente que tenía en su reproductor. A veces me cansaba de mirarla, pero no tenía opción, era el trabajo que me había tocado. Le susurré al oído que todo iba a estar bien a pesar de que no pudiera escucharme, me desesperaba simplemente verla y estar de brazos cruzados mientras podía escuchar la presión con la que se asfixiaba su corazón. Tenía frío, pero ni un kilo de mantas hubiera aliviado lo congelada que sentía su alma. Y aún así le dolía, creía estar muerta, sepultada, pero siempre seguía quedando espacio para el dolor. El que contraía sus músculos y hacía que su cara se deformara de sufrimiento con cada espasmo. ¿Cómo era posible que algo no físico tuviera tantas consecuencias?
Intentaba girarse pensando que su suerte cambiaría en el momento en el que encontrara una posición cómoda, pero parecía no encontrar nada que potenciara sus esperanzas. Se sentía cansada. Yo, por mi parte, sabía que se trataba de un alma muy vieja, de esas que llevan años dando vueltas por la tierra y que pocas veces aprenden sus lecciones, y mientras no aprendiera no lograría aliviar.
Quería terminar con todo de una vez por todas pero no era lo suficientemente fuerte para levantarse y menos aún para lanzarse al vacío. Sé que es la mayor problemática de la gente, pero era la primera persona que veía así sin que realmente hubiese sido golpeada por una tragedia, al menos una de la que estuviera consciente ¿Qué estaba haciendo con su vida? Llevaba años completos intentando ser mejor, buscando el bien para otros y maldiciendo su condición humana por no permitirle alcanzar la perfección. ¡Si tan solo recordara que alguna vez fue algo más de lo que era en ese instante! Tal vez solo lloraría por haberlo arruinado, como había arruinado todo a lo largo de sus muchas oportunidades. Llevaba noches enteras sin dormir, ahogada por los problemas de sus cercanos como si fueran propios. Llevaba siglos encerrada en la cárcel que ella misma había fabricado para su alma, dejando que el único tipo de alimento que recibiera fuera el de la satisfacción de sacrificarse por alguien. Pasaban los años y aún no comprendía que ése no era el objetivo para el que había sido creada. No debí sufrir para que otros no lo hicieran. La idea nunca fue el sacrificio.
Y nadie jamás la entendería, porque probablemente no existiera perfeccionista tan imperfecto, porque posiblemente todos comprendieran que no debían meterse en los problemas del resto. Porque quizás el resto de los mortales conservara un poco de lo que les fue entregado cuando se abrió la caja, egoísmo. Sé que ella no alcanzó la repartición y de seguro Él también lo sabía, pero sumida en aquel asqueroso mundo debería haber aprendido que lo necesitaba para sobrevivir.
Siempre había sido una tonta, ni siquiera había sido capaz de ver que solo ella era la que sufría y que absolutamente nadie salía beneficiado. Pero ¿Es tan fácil salir de un papel cuando lo has jugado por tantos siglos? ¿Es tan fácil librarte de tus ataduras y aprender a ser libre? Si fuese así los animales en cautiverio serían puestos de nuevo en la jungla, si fuese así ella hubiera recuperado sus alas hace varios años.
Solo le quedaba seguir llorando, seguir buscando aquella posición que le causara menos dolor. Irse desprendiendo de a poco de algunas de las muchas ataduras que le traía su complejo de mártir y quizás así pudiera llegar el momento en el que el sangrado interno realmente se detuviera. Aún así, nadie se arriesgaría a intentar asegurarlo, con ella todo era impredecible.
No valía la pena intentar recordarle su antigua naturaleza, ni explicarle el verdadero motivo por el que le dolía la espalda, justo en el lugar en el que se las había arrancado. Me partía el alma seguir viendo como sufría su castigo, pero sufriría aún más si descubría que jamás podría ser algo más. De seguro encontraría el valor de lanzarse al vacío si supiera que todo lo que había perdido jamás lo recuperaría. Debió saber que la amaba, que su irresponsabilidad no solo la azotaría de vuelta, sino que también me condenaría a mí por siempre. Debió saber que no podría dejar de mirarla y de sentirme impotente por no poder ayudarla. Siempre creyó que haría más bien siendo uno de ellos que vigilándolos como nosotros.
Volví a mirarla. Ella, por su parte, seguía mojando su almohada e intentando conciliar el sueño. Pensaba, entre medio de su orgullo y su perfeccionismo, que era momento de buscar ayuda. Lo que realmente me rompió el corazón, ya que por mucho que gritara nadie la socorrería… Las paredes que había construido eran demasiado grandes para que cualquiera las pudiese atravesar, cualquiera que no fuese yo… Yo, él que no podía hacer más que susurrarle palabras de aliento al oído que no podía escuchar. Yo, él que la odiaba profundamente por haber sellado nuestros destinos de aquella forma.
D: pero qué hizo para que le quitaran las alas?! (en las últimas líneas del párrafo 3 pusiste "satis facción" ._.)
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