Nunca supiste cuándo detenerte. Pasaste de ser el más orgulloso al más patético en segundos, nunca supiste dónde estaba el equilibrio entre el amor que debías entregar y el que debías guardar para ti. Tal vez no naciste para amar y mucho menos para ser amado, cualquiera de las dos cosas era capaz de desequilibrar tu organismo hasta el colapso. Hasta que terminaras en el suelo temblando, adolorido, llorando, siempre siendo un estúpido dramático, como cualquier individuo necesitado de atención. Solo que tú nunca la obtuviste… lo único que lograste fue alejarlos de tu lado.
Antes te creí fuerte, seguro de ti mismo, el tipo de persona que me gustaría llegar a ser. Ahora es cuando puedo visualizar el desastre de tu cabeza, la constante lucha entre lo que eres y lo que quieres ser, lo duro que fuiste contigo mismo para intentar llevarte bien con los demás ¡Bendito idiota! ¡A nadie le importó un carajo! Debiste seguir siendo el pedante que simulabas ser, hubieras sobrevivido. Debiste dejar de querer ser perfecto por ella, mientras cambiabas cosas había gente que te apreciaba sin que hicieras ningún esfuerzo. Debiste fijarte en quiénes estábamos a tu lado y darte cuenta que los males son pasajeros pero los lazos quedan. Debiste saber que hay vínculos que no vale la pena formar, que si no eres tú mismo es mejor dejar de intentar.
Hay gente que nace para estar con otra, para amar con facilidad, para compartir toda su vida… Hay gente como tú, que lo pierde todo al querer seguir el mismo camino que ellos. Como tú, que te fuiste de aquí sin poder conseguir nada, que no la hiciste feliz y solo lograste hacerte más desdichado.
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