Deslizo el pincel una y otra vez por cada uña, las soplo con
amor, mis labios simulan un beso invisible con el aire que me rodea. La cabeza
me da vueltas pero, como todos los días, intento distraerla.
-
¿Al final, no te harás nada en las uñitas?
Su voz resuena en mi cabeza y perfora mi fuerza de voluntad
como un taladro. Ya no puedo mantenerlo alejado de mi mente, no puedo esquivar
los recuerdos. Miro mis manos y noto un color morado bordeando el final de mis
dedos. Respiro profundo, tengo claro que volverá a hablar.
-
Tus manos siempre están heladas. Ven, ponlas
entre las mías.
Su rostro se dibuja frente a mí y esa maldita sonrisa vuelve
a derretir mi corazón ¿Por qué me haces esto? Sabes que ya no está más ¿Podrías
alejarlo al menos unos minutos? Ya no quiero sentir nada de esto.
-
¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan callada?
Cierro los ojos mientras me repito a mí misma que no es
real, mientras ruego para que su imagen y su voz se alejen, para que me dejen
descansar. Pero, nadie responde a mis plegarias. Siento el roce de su piel
sobre la mía y sus labios acercándose a mi cuello. Siento su mirada de amor
sobre mis ojos cerrados y escucho nuevamente aquellos susurros que siempre me
hicieron estremecer.
-
Te amo.
Hasta aquí llegan mis intentos por mantenerme completa. Mis
pedazos vuelven a regarse por el piso, claramente el pegamento no fue
suficiente. Abro los ojos, una lágrima baja por mi mejilla anunciando la
llegada de todas las demás. Su silueta se desvanece a medida que el dolor se
propaga por mi cuerpo inmovilizándome.
Debería saber que nada era o es real y no lo volverá a ser,
pero no puedo evitar que mi mente juegue con mi corazón, no puedo evitar que
mis recuerdos nublen mi razón.
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