No quiero morir, pero siento que algo se me seco adentro. No
puedo derrumbarme, no lo tengo permitido. La verdad es que claramente no quiero
nada de esto, pero no existe forma de alejarlo y no queda otra que vivir con el
sentimiento el tiempo que sea necesario.
Sé que no es una competencia y no se trata de estar bien
para no ser el que está mal. Sé que ahora me toca vivir el papel contrario al
que he desempeñado y debería haberme preparado mejor. Sé que no es el fin del
mundo. Sé muchas cosas, mi mente las sabe, mas nadie se ha dignado a dejarla
tener el control. Por momentos respiro, pero al siguiente me siento agonizar.
Es como si todo se hubiera desvanecido y hubiese que
construirlo de nuevo, como si tuviese que reinventarlo todo sin tener ni una
gota de imaginación. Me duelen hasta las articulaciones pensando de dónde
sacaré fuerzas para esto y me siento patética
por ser tan débil.
Todo sería tan fácil si los recuerdos me dejaran de
torturar… Si apagara los sentimientos hasta poderlos controlar. No te odio, ni
lo haré, pero en estos momentos me encantaría que me fueras totalmente
indiferente, que tu ausencia no me calara el alma a cada segundo. Desearía no
haberme quitado los frenos como dijiste, haber parado las cosas cuando pude,
descansar…No dejarme llevar por algo que ni tú podías controlar y que logró que
ambos chocáramos con ese gran muro. Con este maldito final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario